El ministro tiene un plan

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VICTORIA PREGO

El Plan Integral de Reinsercin de los Terroristas, anunciado de aquella extravagante manera el jueves pasado por el Ministerio del Interior, cogi a todos con el paso cambiado. Pero a todos, todos. Empezando por el mismsimo presidente del Gobierno.

A primera hora de esa maana, apenas media hora antes de que la agencia Efe distribuyera la noticia, un miembro de la direccin del Partido Popular reciba una llamada urgente procedente del crculo ms prximo a Mariano Rajoy. El mensaje era el siguiente: "Voy a ver si consigo proporcionaros algn argumentario rpidamente porque est a punto de declararse un incendio, y un incendio grave, adems. El ministro del Interior va a lanzar esta iniciativa...".

En esos momentos el mentado ministro del Interior ni siquiera estaba en Espaa. Estaba en Luxemburgo. Horas despus, tras haber celebrado desde all una rueda de prensa, Jorge Fernndez coga un avin hacia Madrid, de modo que los responsables de la calle de Gnova tampoco pudieron hablar con l para ver cmo encaraban una informacin que saban de sobra que iba a abrir a toda pgina los informativos de ese da y los peridicos del da siguiente.

Y, para colmo, estaba previsto que ese jueves el presidente Rajoy compareciera en rueda de prensa despus de su entrevista oficial con el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen. Y, ahora que se sabe que Mariano Rajoy se enter esa misma maana de lo que su ministro haba decidido anunciar sin encomendarse a nadie, se explica la evidente incomodidad del jefe del Gobierno a la hora de responder a la prensa y se explica tambin la manifiesta contradiccin entre sus palabras y el contenido de la noticia que ya la agencia Efe haba distribuido. Rajoy dijo que "el Gobierno no vara su poltica antiterrorista y no la va a variar". Y dijo ms: "Es mucho mejor que haya gente que, al final, pida perdn, que se arrepienta. Pero eso, insisto, no supone ningn beneficio penitenciario".

Claro, pero es que lo llamativo del plan del ministro es precisamente que, para que el Gobierno los acerque a las crceles del Pas Vasco, los presos etarras ya no van a tener que reconocer sus culpas, pedir perdn por ellas y colaborar con la Justicia. Basta con que declaren que quieren dejar de pertenecer a la banda. Y, con eso, antes no bastaba.

Imposible, pues, cuadrar las palabras del presidente con la iniciativa del ministro. Imposible tambin, y por el mismo motivo, cuadrar con el plan de Fernndez la interpretacin que Carlos Floriano, vicesecretario de Organizacin del PP, haca ante los periodistas minutos despus de que hubiera hablado el presidente. Y es que Floriano repiti casi punto por punto las mismas frases que acababa de pronunciar Rajoy. Era el mismo argumentario, el que haba sido armado a primeras horas de la maana a toda prisa y sin ms alternativas. Sencillamente, Jorge Fernndez les haba dado una sorpresa monumental y estaban reaccionando como podan, sobre todo atndose al palo mayor de los principios de la poltica antiterrorista defendida hasta ahora por el Gobierno.

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Con quin haba pactado entonces el ministro del Interior el anuncio de esta iniciativa que, sin disimulo posible, rebaja las condiciones a los presos etarras para que puedan estar en crceles prximas a sus casas en el Pas Vasco? Con el PNV ya se ha dicho que no. Y con el secretario general del PSOE tampoco, por ms que Alfredo Prez Rubalcaba y su equipo apoyen totalmente la medida.

Eso no quita para que se sepa -y EL MUNDO lo ha publicado- que los contactos entre Batasuna y emisarios del Partido Socialista vasco se han estado produciendo durante meses siendo el PP el partido de la oposicin y estando perfectamente enterado de esas conversaciones, sin que conste que se haya opuesto a ellas ni que las haya denunciado. Ahora que est en el Gobierno, el PP debera pronunciarse y decir si las aprobaba o no.

Pero, volviendo a Fernndez, ni siquiera pact su anuncio, ni tampoco inform de l, a los dirigentes del PP en el Pas Vasco, que mantienen una posicin poltica muy alejada de la que, diga lo que diga ahora el Gobierno, acaba de esbozar el ministro del Interior, quien, como dice uno de estos dirigentes, ha actuado "con buena intencin y con el propsito de ayudar". Pero no hay ms que revisar la intervencin que el fin de semana pasado hizo en San Sebastin el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, para comprender que el anuncio del ministro les ha hecho un roto en su discurso y en su estrategia.

Porque resulta que Basagoiti insisti el pasado da 21 en que, si ETA desaparece, se abrir un escenario distinto para quienes soliciten la reinsercin, siempre que -y sta es una cuestin esencial- reconozcan su culpa y se arrepientan de lo hecho.

Y si ninguno de los polticos mencionados estaba al tanto de la intencin del ministro, tampoco lo estaban las vctimas. Y no slo no estaban avisadas: es que tampoco el ministro tena el menor propsito de entrevistarse con ellas y darles explicaciones. De hecho, desde el jueves por la maana, a ngeles Pedraza, presidenta de la AVT, se le dijo que todas las asociaciones y plataformas cvicas seran recibidas por la directora general de la Oficina de Apoyo a Vctimas, Sonia Ramos. Pedraza rechaz la invitacin y exigi ser recibida ella sola por el ministro. Despus de esto, se sucedieron numerosas llamadas que fueron variando el lugar y tambin el nombre de su posible interlocutor. Y no fue hasta las 15.30 horas del viernes -es decir, al trmino del Consejo de Ministros- cuando recibi una respuesta positiva: sera recibida por el responsable de Interior. "Yo creo que para entonces alguien le haba ledo ya la cartilla", dice ella.

Hasta aqu, los datos de lo sucedido el jueves. Y ahora, las consideraciones.

La pretensin del ministro del Interior de que la oferta que acaba de hacer a los presos etarras va a provocar un debilitamiento de las posiciones entre el colectivo de reclusos no se sostiene en ninguna experiencia anterior.

De hecho, la va Nanclares, abierta por el anterior Gobierno del PSOE para facilitar el acercamiento a la prisin alavesa a los miembros de ETA que decidieran desvincularse de la banda, pedir perdn por sus crmenes -ante las autoridades penitenciarias, no ante sus vctimas- y comprometerse a pagar la responsabilidad civil, ha obtenido un resultado muy pobre. Apenas 20 presos etarras de los ms de 500 se han acogido a esa frmula. Los dems se han reafirmado en su pertenencia a la organizacin criminal despus del anuncio de la banda de no volver a asesinar. Y eso es porque todava esperan una solucin colectiva, y poltica, a su caso.

No hay, por lo tanto, motivos que permitan pensar que una relajacin de las condiciones va a provocar ni una desbandada de los presos en pos de la ruptura con la banda, ni una divisin interna entre los reclusos acuciados por el cebo que el Gobierno les acaba de poner. Por el contrario, es mucho ms probable que suceda lo que ha venido sucediendo siempre hasta ahora: que los terroristas interpreten como un signo de debilidad cualquier concesin del Gobierno. Y esta nueva generosidad del plan integral lo es. Aunque la ley no se modifique y su aplicacin tampoco.

Por otra parte, el acercamiento de presos era hasta ahora una potestad administrativa que, puesto que no tena relacin con la aplicacin de beneficios penitenciarios -que est regulada por ley- era discrecional. Y ahora resulta que el ministro le da una categora superior y la incorpora a un plan integral con condiciones tasadas. Con lo que slo consigue atar las manos del Gobierno reglando sus decisiones. Y, encima, sin tener en absoluto garantizado el xito. Y si se espera que ETA haga algn anuncio, que lo haga a pelo porque su situacin se lo demande, no porque pueda venderlo como premio a una concesin de nuestra democracia.

Porque si se permite a los terroristas que se beneficien de la generosidad del Estado sin que previamente hayan reconocido su culpa y se hayan arrepentido tica y polticamente de ella, estaremos dando pie a que los asesinos concluyan que hicieron lo que haba que hacer. Y que ha merecido la pena porque, gracias a la estrategia sangrienta de la banda, ahora es posible que su objetivo poltico tenga presencia y fuerza en el Parlamento vasco. En ese escenario de argumentacin, los votantes de Batasuna crecern como la espuma. Y eso es lo que cualquier Gobierno democrtico tiene la obligacin de combatir.

El resultado, de momento, es que el plan del ministro ha irritado a las vctimas; ha provocado la desconfianza de una parte muy importante de la sociedad espaola; y da pie a que los jefes de ETA interpreten que el Estado puede ceder an ms. Mal balance.

Rajoy va a ir dentro de 15 das al Congreso del PP vasco. Pero, por mucho que lo intente, por muy contundente que sea su discurso poltico ese da, no va a poder sacar la pata de donde la ha metido su ministro de Interior.

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victoria.prego@elmundo.es

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